¡Ay madre, cuántos días sin actualizar!


En breve tengo que ponerme a ello. Estas tres semanas he viajado continuamente, a Osorno, por trabajo. Hice algunas fotos a las vacas gigantes hiperrealistas que alguna mente preclara plantó en pleno centro de la ciudad, pero aún no he revisado la cámara ni el móvil para ver si hay alguna otra cosa que os pueda gustar. Por lo demás, Patricio ha estado esta semana castigado sin engendros electrónicos, sin tele y sin juguetes,  y se ha dedicado a usar su imaginación, lo cual estaba muy bien hasta que decoró (involuntariamente, según su versión) la mesa del salón, su ropa y sus manos con medio tubo de pintura al óleo de color rojo. Que no se quita. Yuju.


Esta semana tengo que volver a ir a la Isla Quenac (si no os acordáis de cómo tuve que trepar por el casco del barco pinchad aquí), a dar clase (“hacer clase”, dicen aquí…si dices dar se piensan que tú eres la alumna) . Espero que esta vez haya un generador, porque una charla se puede improvisar en un “papelógrafo”, pero diez horas de clase no…aunque los profes antiguos lo hacían…


Como curiosidad insustancial os cuento que tengo un kindle (un libro electrónico) y que estoy leyendo más que nunca. Si ustedes gustan, pueden iniciar el debate sobre los derechos de autor y todo eso, pero mientras tanto servidora está disfrutando de la lectura como hacía años no disfrutaba (de hecho puedo leer en la cama sin molestar a nadie, porque el librito de marras se retroilumina, toma ya!).  Hace un mes que lo tengo y ya he debido leerme unos 10 libros. Y eso que sólo leo de noche y algún rato libre del fin de semana. Además de una cantidad ingente de textos sobre yoga y meditación y algunos libros de cocina, ahora me ha dado por las novelas “Chick-Lit”. para que os hagáis una idea, del estilo del Diario de Bridget Jones. Son absolutamente insustanciales (salvo alguna honrosa excepción) y sólo hablan de “chicas normales” …que en realidad no son muy “normales”, porque lo normal en el planeta tierra no es ser blanca, joven y de un estrato sociocultural medio-alto.  Pero me hacen gracia, al menos por el momento.


No sé si os conté que cuando puedo (o sea, cuando estoy en la isla, cosa que últimamente ocurre poco a menudo) voy a clase de Kundalini Yoga. Me gusta bastante, pero a veces no puedo evitar sentirme como una elefanta vestida de blanco (y no parecida a una grácil Vishnu de ocho brazos ni nada parecido) girando el cuerpo en ángulos psicodélicos y tratando de no resoplar demasiado.  Sigo tratando de meditar a diario, aunque a veces me puede la flojera (qué cosa tan poco espiritual, la flojera…). Pero he hecho avances asombrosos en el manejo de mis miedos.


En fin familia, que esta es una “entrada de médico” (como la visita del médico), sólo para deciros que pronto pondré fotitos  y os contaré alguna cosilla nueva.  Os quiero mucho, mucho.