Querida familia:


Ayer recibí un gran regalo. Una sorpresa que me estremeció y me hizo llorar y sonreír, y reflexionar.


Hace ya muchos años mi alma está ligada a la de un hada azul… una amiga-hermana que me conoce mejor que casi nadie (me atrevería a decir que nadie), que sabe de mis luces y mis sombras y que a veces ha cargado con mi mochila más rato del necesario. Cuando nos veíamos, de jovencitas, tejíamos juntas largas cadenetas de sueños, caminos multicolores que nos llevarían a la Antártida, a Asia, a los confines de la alegría. Y pese a que casi nunca hemos vivido en la misma ciudad al mismo tiempo, hemos caminado juntas esos caminos, peleando cada una su buen combate y sucumbiendo de vez en cuando frente a los monstruitos.


Ella también tiene un blog, donde coloca sus maravillosas fotos y describe el mundo que ven sus ojitos filtrado a través del prisma de su corazón de diamante y tul. Hace tiempo, debido a algunos problemas informáticos en la configuración de mi ordenador, cejé en el empeño de visitar regularmente su web, porque nunca podía leer casi nada y tampoco ver las fotos.


Hace más de un año, en enero de 2012, mi amiga y hermana del alma  vino a veme a Chiloé. Y pese a que ese viaje quedó registrado, junto a todos los demás, en su blog, yo sólo había visto una de esas entradas…y resultó que eran cinco y no una. Resultó que mi amiga- hermana del alma había registrado cada detalle, no sólo en su corazón sino en un lugar donde muchas personas pudieran disfrutar de la belleza, la alegría y el amor de aquellos días.


Como ella misma dice, “düngun meu, kimngekei küme che” (por las palabras se conoce a la buena gente). Ella tradujo en buenas palabras lo que se podía contar de este encuentro, e hizo algo que yo aún no me he atrevido a hacer: mostrar mi casa. Y tomó la última fotografía de Jochimín mirando por la ventana, descansando y quizá sabiendo que no volvería a estar en la casa y con nosotros nunca más.


Ayer (editado el horrible lapsus digital, mis disculpas a los que sufrieron ese “aller” que no sé de dónde salió) lloré mucho cuando vi los textos y las fotos, porque no entendía cómo había podido no verlos hasta ahora, porque me recordaron una época muy jodida de mi vida (cuando ella vino yo estaba peleando con una depresión y un problema personal serio), porque se me vinieron encima como una avalancha  todas las sensaciones y emociones de los días en que estuvo aquí. Creo que, ahora que me vuelvo a mi casa, a mi hogar en el bosque, compartir esas cinco entradas del blog de esta azul-hada es el mejor homenaje que puedo hacer. A mi casa y a ella, que ha sido mi compañera no importa qué monstruitos me estén acechando. Que nunca me ha juzgado, aunque a veces no haya entendido las decisiones que he tomado. Que respeta mi forma de vida, mis sueños, mis miedos, mis pasiones. Que siempre, siempre que la he necesitado ha estado a mi lado en el camino a Ítaca. Que cruzó un océano para tomarse unos cafés, hacerme escuchar a los pájaros y ayudarme en un momento realmente complicado de mi vida en Chiloé.


Gracias Sara. Te quiero, como siempre, para siempre.


Aquí están los enlaces. Ojalá los disfrutéis tanto como yo.


Día 01 -Viajando al sur del mundo

Día 2 -Chiloé

Chile: Chiloé y su esencia

El Cordero Chilote

Castro