Querida familia de la Tierra de las Gaviotas:


Esta es la entrada número cien de este sueño valseado que empezó hace ya casi tres años.


Mi camino, como sabéis, ha estado y estará salpicado de luz y de sombra, y en este tiempo os he ido haciendo partícipes de esos contrastes que conforman el escenario en el que habito, tanto el externo como el interno. Salvo en la épocas donde la oscuridad fue tan fuerte que no podía ver nada y por lo tanto no  podía escribir.


En estos días estoy en un proceso bien especial. He realizado el segundo nivel de Reiki, y la causalidad me ha ido llevando hacia una parte de mí que mantuve dormida, intuyendo que estaba ahí pero sin haber sentido la necesidad de despertarla: mi feminidad ancestral.


He intensificado el trabajo y el acercamiento a personas y grupos que trabajan con lo sagrado femenino (fijáos que he colocado un par de webs más en los “LINK” de la derecha)  y me he dado cuenta que, aunque este enfoque terapéutico no hace milagros, como ninguna otra terapia, me hace sentir bastante bien…


El viernes pasado asistí a una ceremonia en la Ruka Cuyen. En lengua mapuche (recordad que los Mapuches son uno de los pueblos originarios mayoritarios en Chile) Ruka significa casa o morada, y Cuyen (o Kuyen) significa luna.  Básicamente es un agujero de hobbitt (pido perdón por la licencia a Mayra, la Mujer-Medicina y Maestra de ceremonias de esta Ruka en concreto) excavado en una loma. Dentro hay una estufa con salida de humos al exterior, y en la superficie de la estufa piedras volcánicas. Al echar agua (pura o con hierbas medicinales) sobre las piedras se genera vapor.


Se podría pensar que no es muy diferente a una sauna, pero a mi entender, es algo más. Este tipo de estructuras circulares  y terapias medicinales/ceremoniales de exposición al calor y al vapor vienen de muy lejos; las realizaban las culturas precolombinas, fundamentalmente en mesoamérica (en Mexico, por ejemplo, se llamaban Temazcales).  Se le puede dar un significado puramente físico, en el sentido de que ahí dentro sudas la gota gorda, y si bebes mucha agua y comes fruta fresca mientras estás dentro, no deberías tener problemas físicos y sales bastante relajado. Pero en este caso, entrar en ese espacio  tan cálido, tan confortable, junto con otras mujeres que se sientan en círculo, bajo esa luz tenue que nos iguala a todas, tomando el bastón ceremonial para hablar, cantando, disfrutando del silencio o dejando volar la mente, una siente que vuelve a un lugar conocido, algo que te perteneció siempre y a lo cual perteneciste siempre, algo parecido al vientre materno. Y al fin y al cabo, en ese lugar se está más cerca del centro de la Tierra, tierra que según tantas culturas, es nuestra madre (simbólica y biológicamente hablando; al fin y al cabo nuestro cuerpo se forma de elementos presentes en el planeta, y al morir, esos mismos elementos volverán a ella).


Es por eso que en este post tan especial, el número cien, quiero salirme un poco de las cosas tangibles y contaros que sigo siendo científica, que no pierdo la objetividad, pero que me he dado cuenta que ciertas prácticas culturales que por alguna razón siento que no me son ajenas (pese a no haber nacido en esta cultura) y ciertas formas de pensar no están reñidas con mi desempeño profesional, ni hacen que yo cambie esencialmente. O a lo mejor sí, pero sin duda ese cambio es para bien, porque las herramientas que he ido conociendo (el Reiki, las flores de Bach, la meditación, los círculos de mujeres, las ceremonias y ritos ancestrales femeninos) van aportando pequeños granitos de arena en mi día a día, y sin duda me están ayudando y enriqueciendo. Y hacen que espantar las sombras sea más sencillo (o menos necesario).


Os dejo una foto de la entrada de la Ruka (la foto no es mía, es de Mayra, la mujer que la construyó).  Las fotos del interior son estrictamente privadas, dado que lo que se habla y se ve dentro del círculo, no sale de él.


Gracias por seguir a mi lado y haber convertido todas y cada una de las cien entradas en algo más que un monólogo conmigo misma.  Os quiero.

Ruka Kuyen en Castro, Chiloé

Ruka Kuyen en Castro, Chiloé