Estimadas, estimados:

El frío es sin duda el protagonista de estos días en esta parte del mundo. Al igual que en España, a falta de noticias mejores (o tal vez porque no interesa mostrar ciertas noticias), los informativos recorren el país mostrando las ciudades heladas y las personas alegando (protestando) por el frío que hace. Los que sin duda peor lo están pasando son las víctimas del terremoto que aún no han recibido las mediaguas (viviendas de emergencia) que entrega el gobierno. Y también las muchas personas que aquí, como por desgracia en todas partes, no tienen una vivienda digna.

El miércoles de la semana pasada Patricio llegó del cole con un sobrecito en el que se leía: “te invito a mi fiesta”. Aquí las celebraciones de cumpleaños son toda una institución.  Los niños invitan a muchos otros niños, compañeros de clase, hermanos de compañeros de clase, primos, sobrinos, amigos de los primos y los sobrinos, las mamás de todos esos niños, algún papá despistado (la mayoría pasa de este tipo de cosas, según me han hecho saber sus resignadas compañeras), las abuelitas e incluso algúna mascota. Esa cantidad ingente de seres resulta difícil de meter en una casa chilota, por lo que si es verano, las fiestas se celebran al aire libre, en el campo o en el jardín de las casas. Pero ahora en invierno, lo más socorrido es alquilar uno de los tres “centros de diversiones” de Castro…que básicamente son galpones (una especie de nave industrial pero tirando a casera y pequeña) en la que hay todo tipo de juegos para los niños. La que nos tocó en esta ocasión fue la que se llama “aguamarina”, y el dueño es un paisano a quien se le ocurrió la genial idea de hacer unas pistas de tenis dentro de una nave. Como la cosa tuvo un éxito bastante magro (las aficiones de los chilotes no pasan por jugar al tenis, os lo aseguro), tuvo otra genial idea, que esta vez sí le resultó, y que en este lugar donde llueve once meses al año le está generando jugosos dividendos: Metió en la nave dos camas elásticas, unos columpios, un tobogán hinchable, tres ponis de juguete tamaño natural, dos taca-tacas (futbolines), dos coches de carreras, varias bicicletas (normales y estáticas (¿?),  colchonetas, osos de peluche, pelotas gigantes con cuernos, un carrito de supermercado reconvertido mediante cojines en transporta-niños, otros artefactos de dudosa procedencia, globos en el techo, pósters en las paredes, mesas y sillas para sentar a merendar a cuarenta niños, y una estufa a leña para que las mamás no se mueran de frío.  El lugar es guarrísimo (término cariñoso que hemos adoptado en la familia para las cosas cutre-guarras, dado que aquí no se utiliza la palabra guarro y nadie se siente ofendido), las alfombras seguramente acumulan especies desconocidas para la ciencia desde hace años y los expertos en seguridad infantil se morirían de un infarto si los invitaran a venir, pero en fin, es lo mejor que se les puede ofrecer a los chavales por aquí, y os aseguro que lo pasan de miedo y, al menos mientras yo estuve allí, no hubo ni un sólo accidente.

Cumpleaños de Renato 2

La familia del homenajeado alquila el local y se ocupa de llevar todo lo necesario, a saber, insumos altamente alimenticios como galletas, gomitas (gominolas), patatas fritas, una torta gigantesca y la estrella de cualquier cumpleaños chileno que se precie: los completos.  Los invitados llegan y le dan su regalo (sin escribir el nombre de quién lo entrega) al cumpleañero , que los apila todos en un lugar para abrirlos después en la intimidad de su casa (esta es una medida social generalmente adoptada para evitar que los que no pudieron comprar un súper regalo se sientan avergonzados).  Después los niños juegan hasta el delirio entre tanto cacharro, y por megafonía se anuncia que se va a servir la “once ” (merienda). Se encienden las velas de la torta, se canta el “que los cumplas muy bien” y los pequeños salvajes vuelven a jugar hasta que las mamás los arrastran fuera del local. Cada niño se lleva, además, una bolsita con chucherías.

Cumpleaños de Renato 1

Cumpleaños de Renato 3

Mientras los enanos se lo pasan como idems, los adultos conversan con un ojo puesto en sus “cabros” (chavales). Algunas mamas se liberan por un rato y disfrutan de las delicias de reunirse con otras mamás y cotillear de lo lindo…y también de alguna que otra “picardía” (es decir, la mamá del cumpleañero se pasea con una bandeja de vasitos de cartón llenos de Baileys y similares, ofreciendo “una picardía p´al frío”, y entre risillas la mayoría cogen un vaso y beben a la salud de los niños).

El viernes emprendimos viaje a Talca, a casi 1000 km al norte de Chiloé. Talca es la capital del la VII Región (Región del Maule). Aprovecho para enseñaros el mapa de las Regiones de Chile, y para daros una vez más una idea de lo que son las distancias en este larguísimo país.

Regiones de Chile

Tardamos unas once horas recorriendo la Carretera Panamericana, que en Chile se llama Ruta 5, y que como todavía está bastante tocada por el terremoto, tiene muchos tramos con obras. Llegamos a la ciudad de Chillán a las tres de la mañana, y allí nos quedamos a dormir en un motel porque no podíamos más (algún día tengo que hablaros de los moteles chilenos, os aseguro que la cosa tiene miga). A la mañana siguiente viajamos dos horas más hasta Talca.

El domingo, en vez de salir directos hacia el sur, entramos unos kilómetros al este hasta llegar cerca de la frontera con Argentina, para ver la Cordillera de los Andes de cerca. Las fotos no son gran cosa, pero me hace ilusión que las veáis. Había nieve en las cumbres y el viento helado y seco que nos golpeaba el rostro me retrotrajo inmediatamente a mis Picos de Europa, a las montañas de mi tierra.

cordillera 1

Cordillera 2

Cuando llevábamos recorrida aproximadamente la mitad del camino, antes de llegar a Temuco (capital de la IX región, en plena Araucanía), la camioneta nos dejó tirados en medio de la nada.  El motor echaba humo y nos dimos cuenta que nos habíamos mandado un condoro inmenso, el rey, qué digo, el emperador de los condoros: no le echamos agua al radiador en ningún momento, y claro, después de 1500 km de viaje la pobre camioneta se cansó de pasar sed. Así que buscamos un teléfono de emergencia en la autopista, y una grúa nos llevó hasta Temuco. Volvimos a casa en autobús desde allí (9 horas de viaje más de regalo), y aunque para nosotros fue muy estresante, los niños se lo pasaron muy bien porque lo vivieron todo como una gran aventura…