La semana pasada comenzó con un maravilloso evento: el jeep decidió dejarnos colgados justo el día que habíamos prestado la camioneta. El lunes y el martes tuvimos que subir (a la ida) y bajar (a la vuelta) a pata los 20 minutos de cuesta embarrada que nos separan de la civilización. Como ejercicio aeróbico matutino se lo recomiendo a todo el mundo, pero sólo de pensar en tener que hacerlo a diario (por ejemplo, cuando empiece a diluviar en la isla) me dan escalofríos. De todas formas, supongo que, como todo en la vida, es cuestión de costumbres. Tenemos una vecina que hace a diario dos kilómetros a pie para ir a dejar a su hija en la parada del autobús del cole. Siempre que podemos, las llevamos en coche hasta allí. En esta tierra la vida es dura, al menos para las personas humildes, y poder disponer de un vehículo es un bien impagable, una razón más para sentirse bien cada día.

 

Ese accidentado lunes Patricio tenía un acto académico en el cole. Este mes de mayo en Chile se celebra el mes del mar, se ensalzan las batallas navales y se rinde homenaje a Arturo Prat (el día oficial de la fiesta, la Batalla de Iquique, es el 21 de mayo, pero dan la turra todo el mes con lo mismo). El caso es que por primera vez vi a mi chanchito cantando el himno chileno (inventándose la letra y moviendo los labios, en realidad), con la manita en el corazón (hábilmente colocada por las “tías” antes de comenzar el acto). Algo realmente curioso para los españoles, que además de tener un himno sin letra, no estamos acostumbrados a este nacionalismo exacerbado. Todos los compañeros de clase de Patricio, que tienen 5 años como él, ya se saben el himno patrio y el himno del colegio. Y mi retoño tendrá que hacer lo mismo…

El poema que recitaron fue:

Hoy saludo muy contento

al marino Arturo Pratt

que un 21 de mayo

luchó por la libertad.

Covadonga y Esperanza

combatieron sin cesar

mas la bandera chilena

nunca dejó de flamear!

 

El martes volvió a visitarnos el ratoncito Pérez y se llevó otro de los paletos de abajo. Patricio casi no durmió pensando que Jochimín y Stalin se iban a zampar al ratón. El miércoles me mandé otro hermoso condorito: tuve un buen rato la radio de la furgoneta sin arrancarla, y jodí la batería (que ya estaba un poco jodida de antemano, todo sea dicho). Así quye a quince minutos de que saliera el nene del cole mi furgoneta se murió. Fantástico. Qué guay es tener furgoneta!!!!!!! Al menos, un rato antes había disfrutado de un instante glorioso mientras, bajo la lluvia, mi adorado Silvio se declaraba trovador antiguo. Para quien no lo sepa, ya salió su último disco, “segunda cita”.

 

El jueves me dediqué a marujerías varias: cociné dónuts caseros, con resultado aceptable, e hice conserva de murtas. A mis 31 años, conocer un fruto diferente y probar un sabor totalmente desconocido para el paladar es un auténtico placer. Las murtas son el fruto de una mirtácea (Ugni molinae, no confundir con el arrallán o mirto español, Myrtus communis) y son originarias del sur de Chile.

 

El sábado hicimos una enorme siembra de ajo chilote. Los ajos chilotes son gigantes, un solo diente tiene el tamaño de la palma de mi mano. Son menos picantes que el ajo normal, pero para cocinar son súper ricos.

 un diente de ajo chilote

sembrando ajos

El domingo (el día de la madre de Chile) terminamos (por fin!) el invernadero. Estoy muy contenta y muy orgullosa de haberlo conseguido.

colocando el plástico

misión cumplida!

 Por lo demás, la vida continúa, los gatitos siguen creciendo, y nosotros también.

miau