Nuestra casa vista desde el rio Butalcura

Estimadas, estimados: Premio para quien encuentre nuestra casa en esta foto :)

La segunda semana de marzo (sexta en Chile) comenzó con el primer día de cole de Patricio. Aquí las profesoras se llaman “tías” y son muy amorosas (casi empalagosas) con los niños. Le dan un besito a cada uno para darles los buenos dias. Van de uniforme, al igual que los niños.

 

En cuanto a mí, he comenzado a callejear por Castro y a aprenderme los nombres de las calles principales. Me he tomado algún café (me está empezando a gustar el Nescafé con agua, parece que voy mutando de a poco) en “la brújula del cuerpo” (la cafetería que está al lado del parque de bomberos. En Chile los bomberos son voluntarios, personas que dedican su tiempo libre sin cobrar. Y lo de tomar café…bueno, aquí nadie lo hace. Siempre comen algo, un sándwich, un trozo de tarta, un batido, un helado gigante…Cuando digo que quiero un café la pregunta inevitable es “¿y para comer, qué se va a servir?”

 

He descubierto (por fin!!!) la Biblioteca pública “Martina Barrientos Barbero”, que como todas las construcciones en Castro es de madera, y que por fuera está pintada de color violeta. Es pequeñita, y el total de libros que tiene no supera en conjunto a los que puede haber en la sección infatil de la biblioteca de León. Yo le calculo unos 500 ejemplares. Tiene una bosca (estufa a leña) en el centro de la sala, un sofá, tres mesas con seis sillas cada una y un enorme ventanal que da al mar.  No se pueden comer chupachuses (no preguntéis por qué lo sé, snif).  La radio permanece encendida toda la mañana, y el otro día alguien pensó que competir con la radio poniendo música clásica a todo volumen era una excelente (y culta) idea…los paisanos que siempre andan por allí arreglando algo hablan a voces entre ellos, y a veces llega una señora con un bebé y las dos bibliotecarias se deshacen en grititos y monerías…pero en conjunto, es un lugar hermoso y acogedor, puedo sacar cinco libros durante quince días, y gracias a un programa del gobierno hay una sala de informática donde tienen internet y wifi gratuítos. El que conoce mi ancestral pasión por las bibliotecas sabrá lo que este descubrimiento ha significado para mí.

 

Susto de esta semana: el jueves, a eso de las doce y media, pasó una furgoneta por megafonía por el centro de Castro diciendo que debido a la fuerte réplica que se había sentido un poco antes, había una alerta de tsunami, y avisaba a la gente que había que “subir a los cerros” (básicamente, subir a los sectores más altos de la isla). Inmediatamente fuimos a buscar a Patricio, y cuando llegamos al cole ya los habían evacuado y estaban subiendo a lo alto de un monte cercano al colegio. Me sorprendió positivamente la rapidez y la eficacia del sistema. Aunque el riesgo era mínimo (la réplica se había producido muy lejos de Chiloé), la gente se asustó bastante, y yo lo pasé mal trepando por el cerro hasta que encontré a Patricio. Pero él estaba tan tranquilo agarrado de la mano de su “tía” y pensaba que aquello era una excursión. Después me contó que aunque se había asustado un poco, no había llorado, y que cuando preguntó por mí las tías le dijeron que me habían llamado por teléfono para avisarme y que iba a llegar enseguida a buscarlo.

 

Por lo demás, pocas novedades importantes, aunque esta semana ha sido intensa emocionalmente hablando, con el inicio del cole y el susto del jueves, e interesante para mí porque de a poco voy integrándome en la ciudad, conociendo las calles, los comercios, las personas.  En cuanto a animales nuevos, pasó una bandada de bandurrias y otra de loros por encima de la casa, y el sábado por la tarde los niños me llamaron gritando porque necesitaban “ayuda biológica”: se habían encontrado en el bosque al coleguita de la foto, un primo de los ciervos voladores al que aquí llaman “madre de la culebra”. Impresionante en tamaño pero absolutamente inofensivo.

 

Me quedé colgada el la cuesta con el Nissan porque se me olvidó poner la tracción (este fue el “condoro”-metedura de pata-de la semana), dí de comer un montón de niños y a alguna visita, e hice una tarta de calabacín, una de manzana y unos brownies; estos desaparecieron misteriosamente mientras yo hablaba con la visita afuera de la casa. Cuando efectué los interrogatorios pertinentes ninguna de esas seis boquitas manchadas de chocolate confesó, así que tuve que dar el caso por sobreseído.

 

Y mientras escribo esto es domingo por la noche, ha habido un apagón que ha afectado a medio país hace un ratito, la tierra se acomoda, y la vida continúa…